lunes, 30 de junio de 2014

Conoceos a vosotros mismos,
y sólo entonces conoceréis a Dios.

¿Qué es mi yo? ¿Mi mano? ¿Mi pie?
¿O acaso mi carne, mi sangre
o cualquier otra parte de mi cuerpo?
Reflexionad bien y veréis que no hay en todo ello
nada que pueda llamarse "yo"...
Cuando analizáis el ego, éste desaparece completamente.
Queda tan sólo atman (alma), el puro chit (conciencia absoluta).

Dios no aparece más que cuando el ego muere.

 


La base universal es autógena, inexpresable
(y está más allá de lo que el espíritu
pueda concebir y la palabra expresar)

Esa base autógena no tiene causa principal ni secundaria.
No le fijes ideas de interior o exterior.

No es oscurecida por las tinieblas de la inconsciencia.
Así no es envuelta por la falsa idea de un "yo".

El conocimiento libre de raciocinios.

El amante y el amado, estrechamente abrazados,
se convierten en uno.



El amor es Dios
Es el amor quien mueve al mundo
y relaciona los átomos con los átomos.
Quien hace gravitar los grandes astros
y los une entre sí. El amor es la ley
de atracción entre los humanos, los pueblos, los animales
en el universo entero... Desde las más diminutas moléculas
hasta el Ser supremo, el Omnipresente, Aquél que tofo lo llena,
por doquier encontramos Amor...
Él es la única fuerza, el motor del universo.

Por este Amor dio Cristo su vida por la
humanidad y Buda ofreció su ayuda
a la humanidad.



Por ese mismo amor (aunque parezca inverosímil)
roba el ladrón y mata el asesino... Porque la
fuerza que actúa es la misma. El ladrón ama el oro:
es un amor mal dirigido...
Así en todos los deleites como en todas las virtudes
que actúan, este Amor eterno está presente e impulsa....
Él es quien mueve el universo. Si no existiese,
el universo se desmenuzaría en un instante...
Éste es el Amor de Dios.




¡Ram, Tú eres amor presente en todo!
Oh, Ram, por doquier. Dentro, fuera,
en todas direcciones: por arriba, por abajo,
en el aire, en los árboles, en la Tierra,
en el agua, en el cielo, en el espacio,
en todo hay Ram; en todo hay amor.
Oh, Ram, que la alegría de tu amor
onda tras onda, vibre.



Estoy consagrado a ti, Espíritu
recibo de ti fuerza y poder, porque tú me los das.

Sentir la atracción de Dios, ser sensible a sus encantos,
a la consistencia y a la unidad final del ser...

El ser que no se acaba (Santa Teresa de Jesús)
¡Oh hermosura que excedéis a todas las hermosuras!

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